Se encuentra usted aquí

Conclusiones

Etiquetas: 

El verdadero cambio debe empezar con las bases conceptuales de la gobernanza. Es crucial reconocer los puntos de tensión entre las nociones y las prácticas de la gobernanza – por ejemplo, desafiando las suposiciones en torno a la capacidad de la descentralización y otros aspectos de la gobernanza de ser intrínsecamente más inclusivos y conscientes del género. A nivel global, nacional y local, es necesario que todas las instituciones de gobernanza contribuyan a la creación de ideas modificadas respecto a la gobernanza en la conciencia pública, lo cual conlleva demostrar buenas prácticas y comunicar de manera eficaz  –a través de los medios de comunicación y otros canales–  el potencial transformador de los procesos de gobernanza sensibles al género. Sus mensajes deben desafiar las percepciones de ‘sentido común’ existentes según las cuales la gobernanza es el territorio de hombres privilegiados, distanciados de las realidades de la gente común. Y deberían propiciar que las mujeres en todas partes identifiquen y reclamen su lugar en instituciones y procesos de gobernanza que sean diseñados con ellas, no para ellas.

---o---

Texto completo de las conclusiones

Finalmente, una gobernanza sensible al género significará un mundo con mejores opciones, oportunidades, acceso a recursos y resultados de vida para las mujeres, a través de políticas y acciones de gobernabilidad que desafíen las desigualdades de género arraigadas en la sociedad y sean apoyadas por fuertes mecanismos de rendición de cuentas. Los cambios en los enfoques a la gobernanza que han ocurrido en las últimas décadas, con su énfasis en procesos democratizados y descentralizados y en los principios de rendición de cuentas, sensibilidad e inclusión, tienen un gran potencial de propiciar que esta visión se convierta en una realidad. Sin embargo, como lo ha mostrado este informe, una gran parte de ese potencial no se realiza. Ha habido algunos progresos en revertir el desequilibrio de género en los procesos e instituciones de gobernanza nacionales y locales – más notablemente, la reforma electoral ha llevado a la inclusión de más mujeres en las instituciones gubernamentales, particularmente a nivel local.


Estas reformas son un buen comienzo, pero deben ser vistas como una parte de un proceso mucho más amplio que involucra que las instituciones de gobernanza aborden las maneras en que refuerzan las desigualdades de género a través de sus propias prácticas y políticas, y analicen cuidadosamente cómo alcanzar las metas a largo plazo de la igualdad y la justicia social. Un mensaje vital es que aumentar la cantidad de mujeres en posiciones de autoridad sólo llevará a un sistema de gobernanza más equitativo si se garantiza la calidad de su participación. Esto requiere un cambio en las suposiciones en torno a los roles que las mujeres, y los hombres marginados, deberían jugar en los procesos de gobernanza, así como la creación de un ambiente en el que se vea y valore a las personas por su capacidad y no por su género o sexualidad. Implica una evaluación crítica de las instituciones y las relaciones institucionales a nivel global, nacional y local, la introducción de formas de trabajo nuevas y con equidad de género, además del compromiso de supervisar su eficacia.

Identificar obstáculos a la igualdad de género en la cultura y las relaciones institucionales puede ofrecer puntos de entrada para el cambio, pero las políticas sensibles al género y las estrategias de transversalización de la perspectiva de género podrían pronto evaporarse si no existe la voluntad de transformación. Por lo tanto, es importante propiciar comprensiones claras y compartidas en torno a la necesidad de la igualdad de género en todas las instituciones de gobernanza a nivel global, nacional y local. Estas comprensiones deben ir más allá de los argumentos instrumentales sobre la capacidad de las mujeres de reducir la corrupción o contribuir al crecimiento económico por medio de su participación en el lugar de trabajo. También deberían reforzar el derecho de las mujeres a ser socias activas en los procesos de gobernanza – en particular de las que tradicionalmente han sido excluidas por motivos de etnia, pobreza u otras formas de marginación.

Estos procesos de creación de conciencia y transformación deben ocurrir en todos los niveles de la gobernanza, no únicamente en las instituciones gubernamentales locales y nacionales. A nivel global, instituciones como las organizaciones de la ONU y la OMC deberían no sólo examinar con lente de género sus propias prácticas, sino también asegurar que la política de género sea coherente en todas las instituciones, en vista de la influencia que ejercen en la gobernanza nacional y local. Al mismo tiempo, se requieren mejores procesos de rendición de cuentas para los gobiernos nacionales y locales respecto a la aplicación de instrumentos internacionales de derechos humanos como la CEDAW que podrían facilitar una gobernanza sensible al género y el respeto a los derechos. Particularmente en situaciones de fragilidad y fragmentación tales como el conflicto y post-conflicto, no debería subestimarse el potencial de que Estados fuertes respalden y financien políticas abarcadoras y centralizadas que puedan transformar las percepciones públicas acerca de las mujeres y los hombres y sus roles en la vida pública, el hogar y la comunidad.

A nivel local, como hemos planteado en este informe, los procesos ciudadanos participativos y otros procesos de la gobernanza local no siempre son tan inclusivos del género como lo aparentan y deberían ser evaluados críticamente, con miras a identificar y resolver las causas fundamentales de la exclusión. Las OSC, incluidas las organizaciones de mujeres, tienen un importante rol facilitador y mediador en todos los niveles de la gobernanza, pero también deben examinar sus propias prácticas de gobernanza interna y sus nociones sobre el género para ser tan eficaces como sea posible en estos roles.

Sin embargo, el verdadero cambio debe empezar con las bases conceptuales de la gobernanza. Es crucial reconocer los puntos de tensión entre las nociones y las prácticas de la gobernanza – por ejemplo, desafiando las suposiciones en torno a la capacidad de la descentralización y otros aspectos de la gobernanza de ser intrínsecamente más inclusivos y conscientes del género. A nivel global, nacional y local, es necesario que todas las instituciones de gobernanza contribuyan a la creación de ideas modificadas respecto a la gobernanza en la conciencia pública, lo cual conlleva demostrar buenas prácticas y comunicar de manera eficaz – a través de los medios de comunicación y otros canales – el potencial transformador de los procesos de gobernanza sensibles al género. Sus mensajes deben desafiar las percepciones de ‘sentido común’ existentes según las cuales la gobernanza es el territorio de hombres privilegiados, distanciados de las realidades de la gente común. Y deberían propiciar que las mujeres en todas partes identifiquen y reclamen su lugar en instituciones y procesos de gobernanza que sean diseñados con ellas, no para ellas.

Conclusiones  en formato  pdf

 

Theme by Danetsoft and Danang Probo Sayekti inspired by Maksimer